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Hija de la pintora nacional Ana María Benedetti, y con varios artistas más en su familia, para Lucía fue inevitable sentirse influenciada y atraída por el mundo plástico desde que tuvo uso de razón. Según cuenta, de niña sintió una especial necesidad de observar, tocar y capturar diversas y efímeras texturas presentes en la naturaleza, por lo que se siente muy agradecida. En su opinión, este interés fue desarrollado en primera instancia por su infancia en el campo, donde tuvo la oportunidad de relacionarse y conectar en forma permanente con su entorno. Más adelante también lo determinó los diversos viajes realizados con su familia recorriendo Chile. Sobre ello, Lucía detalla: <<Siempre me sorprendió lo innovadora que puede ser la naturaleza a lo largo de nuestro país, es por eso que empecé a poner especial atención en las texturas. Sin saber nada de fotografía, me compré una cámara usada y empecé a recolectar esta infinidad de superficies y fluidos, que se repetían como patrones en un espacio limitado. También sentía el impulso por el dibujo y la experimentación con distintos materiales>>.

 

  Decidió ingresar a la universidad para contar con un título profesional en caso de emergencia, pero en realidad, considerando el desgaste energético, económico y de tiempo que significa estudiar una carrera formal, creía que no era necesario, sobretodo hoy en día que la educación es mucho más accesible y cada uno tiene la capacidad de forjar su propio camino. Acerca de esta decisión, explica: <<No sabía mucho si estudiar arte, diseño o arquitectura. Sentía que quería adquirir herramientas y técnicas alternativas al arte tradicional, y tenía miedo a que la educación artística me limitara en algún sentido. Por este motivo, finalmente me decidí por diseño>>. Durante los 4 años aproximados de carrera se fue olvidando de su interés por el arte y durante un tiempo trabajó como diseñadora. <<Inevitablemente esos trabajos se me hicieron muy mecánicos, poco flexibles y llevaderos para mi personalidad, hasta que poco a poco fui cambiando de rumbo y creando mi camino, partiendo por la fotografía y luego cursos o talleres de cada área artística. Así fui aprendiendo conocimientos de fotografía, cerámica, orfebrería, escritura, statement, entre muchos otros. Ahora estoy en clases de pintura al óleo con Hernán Gana>>, dice. ­­

    Lucía enfatiza en que su principal referente siempre ha sido la naturaleza porque siente que le ha enseñado a no pensar, a valorar los vacíos, a respirar, a sentir la paz y el descanso. Por lo general, estas texturas son pequeñas y pasan desapercibidas a simple vista, por lo que trata de llevarlas a un formato y encuadre perceptible para el receptor; formatos grandes y enmarcados (Obras; Recolecciones 2016 y Barlovento 2018). <<Primero fue a través de la fotografía, pero luego sentí que no alcanzaba a entregarme la sensación de “materialidad” que me fascina y busco recrear. Así empecé a buscar en otras técnicas y materiales sobre papel, luego pasé por la cerámica en complemento con materiales como el alambre, el cuero, la pintura y ahora estoy full textil o tejido>>, aclara. Referente al mismo tema, agrega: <<La fibra de plástico también ha sido un descubrimiento precioso, ya que me ha permitido trabajar con elementos que me encantan; la transparencia, el espacio, la luz y sombra. Y aunque siempre me han gustado los materiales nobles, estoy muy agradecida con esta excepción. Me parece interesante mezclarlo con otros que tengan alguna similitud, así que empecé a complementarlo con tejidos en alambre, ambos tienen un carácter lineal y textil>>. En este minuto, Lucía se encuentra produciendo una exposición que presentará en Galería Artespacio, en abril de 2024.

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